miércoles, 20 de febrero de 2008

ACCRA


Había llegado a Accra hace 5 horas. Los campos estaban mermados por la agonía, la desidia de sus pobladores y la corrupción de sus políticos. Llevaba mi casco celeste azulado reglamentario, mi uniforme y un fusil M-16 en caso de disturbios, atentados y protestas que ocurrían, demasiado frecuentemente para mi gusto, en estos lugares.
Estuve asignado a vigilancia de barrios periféricos durante 7 meses y 3 días, pero fui trasladado a la guardia de campamentos con refugiados por el oficial a cargo. Mi función aparentaba ser en extremo simple: cuidar de médicos, paramédicos y auxiliares mientras éstos curaban… mejor dicho atendían… a los heridos y moribundos; además ellos también anotaban la hora de los decesos en la gran mayoría de las personas que se encontraban. Habían fallecido ya 2 paramédicos y unos cuantos auxiliares en la Compañía, a manos de los anarquistas, y el capitán no toleraría más bajas de esta índole… nuestra prioridad era protegerlos a toda costa.

El 23 del mes pasado fuimos con Williams, médico jefe; Davis, su…. “asistente”, y yo ha revisar el campamento nº 3, que se encontraba en el sector 5B de la ciudad (centro-sur). Cuando llegamos, noté inmediatamente que el lugar mencionado era nada más y nada menos que… bueno en realidad no me acuerdo que era, pero estaba en un lugar bastante mermado que en sus buenos tiempos fue verde, alegre y un centro de encuentro entre los habitantes de la capital (creo que un campo de fútbol, pero no estoy seguro). Mas ahora sólo se ven el césped marchito, los pobladores medio muertos, heridos, tristes y desolados que se encuentran a la total intemperie (a causa de la falta de carpas en la ciudad), un poco de vegetación para capear el calor imperante en esta época del año y algunos retazos de tierra que son constantemente pisoteados por los vehículos que pasan por ahí.
Williams enseguida necesitó de morfina y opio (el opio se usaba aunque ha sido prohibido durante unas décadas, pero es un secreto a voces que lo ocupábamos cuando se nos acababa la morfina o si no era completamente necesaria) para los que fueron alcanzados por proyectiles de múltiples armas de guerra y los heridos rogaban por algo más de droga y, así, no pensar en la pesadilla que vivían a diario. Tenían razón.
Davis estaba horrorizado por los grados de mutilación que presenciábamos: cuerpos desfigurados, niños mancos o sin piernas y la depravante, aunque tragicómica, escena de ver cómo una madre intentaba adherir la pierna derecha de su niño; él tenía aproximadamente unos 8 años y una prolongada desnutrición, con un trozo de cuerda que encontró y así darle esperanzas a su escuálido, famélico y desesperanzado hijo. Miré mi M-16…. un disparo en la cabeza y ya, pero estaba prohibido. Un joven de unos 17 años, y alcanzado por las esquirlas de una granada en la cabeza, se me acercó y me comunicó su deseo de ayudarnos y así apoyar a sus compatriotas en la guerra dándonos el servicio de carrier y mensajero; miré sus ojos y éstos me susurraban la dedicación pura y la fuerza para hacer lo que pueda y más. Le pregunté a Williams, que estaba muy atareado conversando con la señora de la cuerda para convencerle de que no serviría de nada atarle la pierna al niño, si necesitaba más morfina y asintió… pero el inútil de Davis estaba desmayado y dudaba que se despertara en la siguiente media hora.
-¿Cuál es tu nombre, chico?- pregunté.
-Marcos, señor- respondió a duras penas. Las esquirlas habían perforado su lengua.
-Necesito que vayas al 46 y traigas más, a nombre de Thomas Williams-
-¿46? ¿Y qué traigo?- En esos valiosos momentos que desperdicié hablando con el pendejo ese, escuché que algunos de los rebeldes entraban al campamento y todos teníamos que ir a nuestras posiciones… ¿pero como iba a traerla yo?
-¡La camioneta que está al frente y trae más morfina, de parte de Thomas Williams, y rápido!- Respondí enojadísimo. Los rebeldes disparaban a quemarropa, especialmente a los médicos.

En ese momento, cuando veía como Marcos corría, no había notado que él tenía fragmentos de granada en todos sus muslos que y le dificultaban mucho correr; pensé inmediatamente que no me había fijado en un detalle: Williams estaba bien muerto, Davis… probablemente un prisionero más en la larga lista de rehenes, y que no necesitaría de la morfina (pero un poco de opio no me vendría mal). Sería retransferido, puede que me den de
baja.
.
.
.
Raúl Salinas, enero 2008

No hay comentarios: